La vida da vueltas, así lo dice la expresión...

 

...las vueltas que da la vida, pero en realidad somos nosotros los que hacemos que las cosas cambien de rumbo. Así, en esta ocasión nos encontramos ante un escultor que no quiso dejar para otro tiempo el hecho de poder ejercer algo que desde hacía años intuitivamente añoraba. Pienso yo que durante todo ese tiempo en que por inercia y compromiso familiar la actividad profesional de Guillermo Gutiérrez Serrano, Miki, se encaminó hacia la empresa, hacia el trabajo diario de administrar, producir y comercializar productos a gran escala, él ejerció el papel de un escultor receptor.

 

¿Cómo es esto? Me comenta que, aunque en esos momentos no lo comprendía, su atención siempre estaba enfocada en disfrutar en su entorno los perfiles, volúmenes y formas que los objetos tenían. Y amplía este comentario explicándome cómo en casi cualquier tipo de máquina podía rescatar formas sueltas y ensambles, que para él resultaban fascinantes, y de manera ‘inconsciente’ siempre parecía estar atento a ellas. Lo mismo sucedía con elementos urbanos que su mirada seleccionaba en la calle, en las construcciones, en los automóviles y en los diseños de enseres y accesorios de interiores. Adicionalmente, una de las fuentes que más apreciaba era la simbología.

 

“[...] en casi cualquier tipo de máquina podía rescatar formas sueltas y ensambles, que para él resultaban fascinantes, y de manera inconsciente siempre parecía estar atento a ellas.”

Más tarde, al estudiar la maestría en mercadotecnia, llamó su atención la estética visual que encontraba en algunos logotipos. Le parecía fascinante esta doble función del emblema o logotipo, que a un mismo tiempo puede ser representativo de un concepto y poseer suficiente estética como para ser atractivo visualmente. Es esta idea de belleza de las formas y la conceptualidad lo que Miki Gutiérrez atesoró durante todo ese tiempo, sin saber que más adelante daría rienda suelta en una profesión que en aquellos momentos ni siquiera vislumbraba.

La obra de Miki Gutiérrez, de corte abstracto, proviene de una creación libre, pues constantemente está experimentando con la materia, poniendo a prueba sus ideas y conceptos de la forma. El trabajo parte de ideas propias y de la influencia de grandes figuras como Moore, Chillida, y algunos elementos de la plástica abstracta de Pedro Coronel y en general en todo lo que ha apreciado en museos de todo el mundo. Poco a poco fue encontrando voces propias, armados que se motivan de la atracción que la joyería le provoca y sobre todo, del referente infinito y el universal del círculo, como principio y fin, como eternidad y como vida.

   “Poco a poco fue encontrando

voces propias, armados que se

motivan de la atracción que la joyería le provoca y sobre todo, del referente infinito y el universal del círculo,

como principio y fin...”

Miki Gutiérrez avanza trabajando sus modelos en el barro para después llevarlos a tomar forma en el bronce. Su insistencia va en pos de encontrar sus propios conceptos y su propia síntesis, así como de la voz personal, para que quede plasmada en un punto de armonía de la forma. Miki juega con los linderos del espacio vacío, con el volumen, el movimiento; parece afanarse en hacer visible el sentido del ritmo y la unidad de la composición. La espontaneidad creativa es llevada al máximo, la visualidad es su interés y guía.

 

Los títulos que pone a las obras son accidentales, ya que no pretenden marcar ningún concepto, busca apartarlos de lo convencional y aunque elimina toda la solemnidad en su trabajo, se muestra reflexivo y atento al compromiso de crear.

 

Formas básicas, ensambles, concavidades, redondeces, pulidas superficies invitan a entender un mundo que frente al caos muestra orden y sencillez. En esta corta carrera, día con día le ha apostado su todo como en un afán de recuperar el tiempo perdido, o más bien en un deseo de capturar el tiempo y el sentido de la vida en su trabajo.

 

Lupina Lara

Pasó el tiempo y a los cincuenta años el reto fue el de poder concebir y reconocer una vocación que se revelaba tardíamente, justo en el momento de concluir su responsabilidad en el negocio familiar con su venta. Pero por lo general, cuando esto sucede, la postura que se adopta es la de encauzar las inquietudes personales como hobbie, que es una posición que no exige compromisos, ya que como la palabra en español lo describe será tan solo un pasatiempo.

En este caso, Miki tomó el desafío de brincar esa línea y pasar al terreno profesional, asumiendo en su trabajo como escultor un compromiso ante sí mismo y ante terceros. A lo largo de cinco años ha cumplido con el reto de producir con constancia y libertad, dando a conocer su obra y luchando frente a la crítica y la aceptación de la misma.

   “ [...] a los cincuenta años el reto

fue el de poder concebir y reconocer una vocación que se revelaba tardíamente, justo en el momento de concluir su responsabilidad en el negocio familiar...”

Y en esto degusta recordar las reflexiones del pintor contemporáneo mexicano Yishai Jusidman al mencionarme que como artista tienes que plantearte, con un gran sentido de humildad y de responsabilidad, qué es lo que vas a aportar al arte desde tu tiempo y tus circunstancias. Existe una prueba muy elemental que uno puede hacer con una obra de arte: ¿Qué capacidad tiene de influir favorablemente el espacio y por ende, a quienes comparten ese espacio? Miki disfruta enormemente con lo que hace y busca que los demás disfruten con lo que hace.

MIKI

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